Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Romanos 1:16
La Isla de Los Sentimientos
Érase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos: la alegría, la tristeza, la vanidad y muchos más, incluyendo el amor.

Un día avisaron a sus moradores que la isla se iba a hundir, por lo que todos los sentimientos abordaron sus barcos y se prepararon a partir presurosamente.

Solo el amor permaneció en ella; quería estar un rato mas en la isla que tanto amaba, antes de que desapareciera.

Al fin, con el agua al cuello y casi ahogado, el amor comenzó a pedir ayuda.

Se acercó la riqueza que pasaba en un lujoso yate y el amor dijo:
-Riqueza, llevadme contigo!- La riqueza contesto: -No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para ti.
Le pidió ayuda a la vanidad, que también venia pasando:
-Vanidad por favor ayúdame-. Le respondió: -Imposible amor, estas mojado y arruinarías mi barco nuevo.

Pasó la soberbia, que al pedido de ayuda contestó:-Quítate de mi camino o te paso por encima!.

Luego, el amor pidió ayuda a la tristeza: -¿Me dejas ir contigo?-. La tristeza le dijo: -Ay amor, tu sabes que siempre voy sola y prefiero seguir así.

Pasó la alegría y estaba tan contenta que ni siquiera oyó al amor llamarla.

Desesperado, el amor comenzó a suspirar, con lágrimas en sus ojos. Fue entonces cuando una voz le dijo: -Ven, amor, yo te llevo.
Era un anciano el que le decía eso. El amor estaba tan feliz que olvidó preguntarle su nombre.
Fue llevado a la tierra de la sabiduría y, una vez allí, el amor preguntó: -¿Quién es el anciano que salvó mi vida?
La sabiduría, respondió:- Es el tiempo. -¿El tiempo? ¿Pero, por qué el tiempo me quiso ayudar?- dijo el amor.

La sabiduría le respondió: -Porque solo el tiempo es capaz de ayudar y entender al amor.