Colosenses 3:5 "Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría"

Mateo 3:8

“Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento”
Mateo 3:8
En más de alguna ocasión nos ha pasado que hemos hecho algo
que sabemos o consideramos que no ha agradado a Dios y
hemos “pedido perdón”, pero realmente no nos hemos sentido
arrepentidos.
Y es que llega un momento en donde pedir perdón se hace tan
fácil, más cuando va acompañado de un falso arrepentimiento.
Pero la pregunta sería: ¿Dios se traga mi arrepentimiento de
mentiras?
Considero que todos en algún momento de nuestra vida nos
hemos acomodado a algún pecado que de tanto pedir perdón se
convierte en una costumbre y ya no en una acción verdadera.
Y es que pedir perdón va más allá de unas simples palabras,
pues el verdadero arrepentimiento lleva consigo verdaderas
acciones, es decir: Si tú pides perdón de verdad y de corazón,
entonces esa acción irá acompañada de frutos que denotan
tu arrepentimiento genuino.
Yo puedo pedir perdón, sin arrepentirme y seguir en lo mismo,
pero ¿Sera ese el verdadero arrepentimiento que me llevo a
pedir perdón?, definitivamente e indiscutiblemente NO. Lo que
me llevo a pedir perdón fue un leve cargo de conciencia, pero
no un arrepentimiento genuino, porque no me aparte del mal
camino.
En cambio cuando el Espíritu Santo me redarguye de pecado y
me hace ver el error en que he caído y que necesito restaurar
mi vida con el Señor, es allí en donde nace el
verdadero arrepentimiento, aquel que me lleva a tomar la
decisión determinante de apartarme de aquello que me está
siendo un obstáculo para agradar a Dios, es allí en donde el
pedir perdón también viene acompañado de acciones, esas
acciones que están testificando que mis palabras no fueron en
vano, sino que realmente existía un arrepentimiento genuino
en mi.
¿Cuántas veces hemos pedido perdón a Dios, sin sentirnos
arrepentidos?, ¿Cuántas veces le hemos dicho que nos perdone
y no hemos tenido ni la mínima intención de apartarnos del
pecado o de aquello que sabemos que no le agrada?, ¿Hasta
cuándo seguiremos de esta manera?, ¿Se sentirá agradado Dios
de nuestra actitud?, ¿De lo que estamos haciendo?, ó ¿De cómo
estamos viviendo la vida cristiana?
Dios quiere vernos sonriendo, y el pecado que permanece en
nosotros del cual muchas veces le hemos pedido perdón sin
arrepentirnos genuinamente nos quita la sonrisa, nos hace
sentir indigno y poco a poco nos va alejando de lo que
realmente Dios quiere para nuestra vida.
Cada uno de nosotros tenemos la llave que abre múltiples
bendiciones para nuestra vida, esa llama se
llama: Arrepentimiento Genuino y viene acompañado con
acciones determinantes y voluntarias que nos llevan a ser más
agradables a Dios.
Somos nosotros mismos quienes decidimos vivir una vida
de arrepentimiento engañoso y con ello evitar que las
bendiciones de Dios se derramen totalmente sobre nuestra vida
ó arrepentirnos genuinamente de todo aquello que se ha
convertido en un mal habito para nuestra vida y junto con ello
comenzar a experimentar todo lo que Dios anhela hacer con
nosotros cuando nos presentemos delante de Él limpios y con
la determinación de ser fieles a Él.
El mayor deseo de mi corazón es que Dios pueda
hacernos comprender la importancia del
verdadero arrepentimiento para que los planes de Él se
cumplan libremente en nuestras vidas. Hoy es buen día para
poner en práctica ese verdadero arrepentimiento, ¿Cómo?,
pues comenzando por desechar de una vez por todas todo
aquello que evita que tu comunión con el Señor sea más pura